Llegué a Colombia, después de saludarnos, conversar los detalles del viaje y tomar el obligado tintínco, me comentaron: » estás cómo repuestico, ¿no?
Toda una vida en México lindo y querido y justo unos meses antes de iniciar esta aventura en Colombia aproveché para comer por montones todas esas delicias de la gastronomía que no comería en mucho tiempo, básicamente me recargué de vitamina T: Tacos, tortas, tamales, tlayudas, tostadas y todo lo que se pueda acompañar con tortillas. Así terminé un tanto botijón, la poca ropa que traje fue en la que pude entrar.

Entonces, ¿Qué significa estar repuestico? Es un eufemismo para reducir la culpa a alguien evidentemente pasadito de kilos.
En mi defensa, esa obesidad duró unas cuantas semanas, llegó diciembre y con ello la promesa que al próximo año iniciaríamos la dieta; no tuve que hacer mucho esfuerzo, la tentación de tortillas, bolillos y pan dulce desapareció, sencillamente porque aquí no hay tanto de eso. Mi delgadez duro un par de meses, lo que tardé en encontrar las frituras colombianas, especialmente los aborrajados y las marranitas caleñas, que ya por su nombre imaginarás la bomba que son, tanto en sabor como en energía. Bien vale la pena dedicarles la siguiente entrada.

