Mi primer Tinto.

4 de octubre 2015

Anoche recién llegue a Cali, llegué de noche así que no pude ver mucho en el recorrido a casa desde el aeropuerto, ya traía mi playlist lista, puse a sonar «Oiga, mire, Vea» de Guayacán Orquesta como Soundtrack. La conversación acerca de cómo estuvo el vuelo y los por menores del viaje duró hasta tarde.

Parecía que recién me hubiera acostado y escuché a los pájaros cantando junto a la ventana, eso y el sonido del pasar de las motocicletas me despertó, intuitivamente miré por la ventana y vi que estaba clareando. Las personas madrugadoras en CDMX saben que a eso de las 7 a.m. empiezan a verse los primeros rayos del sol, por lo que al principio pensé que era esa hora. Intenté conciliar el sueño pero el calor y el pasar de los vehículos por la calle ya no me dejaron así que me levanté; tal vez fue la emoción de empezar mi día, no lo sé. Mi sorpresa fue que eran las 5:30 a.m. ¿Que más hace uno a esa hora?

Mi linda novia se levantó y desde entonces me uní a una de las tradiciones mas emblemáticas de Colombia: Tomar tinto.

Mi primer tinto

Es una palabra que genera gran controversia entre los extranjeros acostumbrados a nombrar tinto a una clase de vino. Colombia no es una nación gran productora de vinos, así que el término «tinto» no está ligado a la bebida alcohólica y en cambio está ligado a la bebida emblemática de este país.

Con el pasó del tiempo me han enseñado que el tinto debe servido en una tasa pequeña. También la preparación debe ser la tradicional: pasando el líquido tres veces por el colador de tela, dejando al final del proceso un rico concentrado, sin llegar a ser un expreso. Como todo en la vida, sólo hay que agregar azúcar al gusto.

Sin duda, la mejor manera para empezar el día.