¿Qué hago en Cali?
Siempre me pregunté ¿porqué las historias comienzan con Érase una vez…?, ahora que comienzo este blog me parece la mejor manera de contar mi historia.
Érase una vez en la Ciudad de México, en el mero corazón del Cerro de la Estrella, cuna de los Colhuas y sede del Fuego Nuevo, que vivía yo: Max, así a secas. Generalmente uno llama a las personas afectuosamente con la forma abreviada o diminutivo del nombre habitual, como decirle Beto a Roberto o Rodo a Rodrigo; en mi caso nunca fueron formas abreviadas ni cortas, siempre fuí Maximiliano, Máximo, y durante mi vida en Colombia: Max Enriquez (ya me estoy adelantando).
Mis hermanos si tienen de esos nombres largos, casi de novela, pero ellos siempre sufren al llenar los formularios porque deben hacer la letra exageradamente pequeña en cada recuadro, por eso agradezco a mis padres por la elección de un nombre corto.
Hasta 2015 llevaba una vida relativamente «normal», aunque en este siglo es difícil definir qué es normal, me refiero al cliché: hijo de familia, buen hijo, buen estudiante, buen trabajador y buen novio. Con esto último es que empieza esta novela, que como muchas otras, es una historia de amor. Pulsa acá para ver todas las historias.

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