Colombia, un viaje a toda Madre

18 de octubre 2015

La madre es TODO para el mexicano, siempre está cuando la necesitamos y para ellas siempre seremos sus niños. Por supuesto que no podía empezar este viaje sin su bendición, y ella no podía dejarme sin estar segura de dónde y cómo iba a estar.

Recuerdo con nostalgia el primer día de escuela, estábamos en la puerta y ella me daba muchas recomendaciones, yo no entendía nada. Veía al fondo los juegos y me parecía bien, seguro pensé: «¡qué padre, venimos a jugar!. De pronto no sentí su mano, giré la cabeza, las rejas estaban cerradas y mi mamá estaba del otro lado, lloré.

En nuestros primeros días en Colombia recibí tips para cocinar, enseñanzas de vida y la certeza que ella estaría allí en todo momento; el amor de madre no tiene límites, trasciende fronteras.

De mi mamá heredé el gusto por viajar y conocer, tenemos felices recuerdos paseando y comiendo. La pasamos tomando tinto con pandebono, buñuelos, arepas, chorizo, rosquillas, luladas, aborrajados, marranitas, carantanta, … ya mejor me detengo. El peso jamás se pregunta pero quizá aumentamos unos kilos.

La tradicional foto en el Willys.

Colombia se siente como en casa. La gente es muy atenta, hospitalaria, sencilla y rumbera. Desconozco si hay un dicho como «échale más agua a los frijoles» pero sin duda siempre habrá un tinto que ofrecer y más agua para el sancocho.

¿Que cómo me la paso en Colombia? – A toda Madre respondería.

Disfrutamos mucho la fiesta de Cali, la cultura de Popayán y los paisajes del eje cafetero. Se nos terminaron las vacaciones y fue tiempo para despedir a mi mamá. Cuando ella cruzó el filtro de seguridad del aeropuerto, sentí que se cerró nuevamente la reja en aquél primer día de escuela.