
A finales de octubre en México los aires se perfuman con la fragancia del cempasúchil, hermosa flor color anaranjado de ancestrales usos que sirve para embellecer los altares trayendo el recuerdo de aquellos que ya no están con nosotros en esta vida terrenal.
Nuestra tradición del día de Muertos es mundialmente conocida, aunque difícilmente comprendida. Las ofrendas son representativas por la comida, bebida y fotografías que colocamos; por sus flores y colores que engalanan las catrinas y por los panteones que cobran vida cada año.
-¿Por qué celebran a la muerte? Es una pregunta casi obligada para los mexicanos por fuera del país, siendo México un país distinguido por su fé católica. Y es que esta celebración nada tiene que ver con la muerte y sí más con la vida y la forma de honrar la memoria de nuestros seres queridos, porque siempre vivirán en nuestro corazón.
Acá en Colombia conocí la palabra «recursivo«. Ocurrió mientras esperaba un taxi con cajuela amplia – baúl le dicen acá…. Ya me imaginarás peleando con los choferes porque sólo llegaban taxis «compactos» : spark y matiz, por mencionar marcas, y yo necesitaba algo más como sedán. Por ahí llegó un chafirete que bajó del Kia, abrió la también llamada bodega y ya estaba apunto de decirle «es que no cabe ahí mi maleta» cuando debajo del tapete sacó una cuerda –piola la nombró él – «tranquilo que en esta vida hay que ser recursivo» -me dijo; con un brazo levanto el equipaje y comenzó a amarrarlo encima del techo mientras comentaba: «cuatro nudos y sale pa’ pintura».
Con ese mismo espíritu me propuse compartir algo poco conocido de mi país: las calaveritas literarias. Que son composiciones en verso típicas durante estas fechas. Sin pan de muerto, pero siendo recursivo, aquí te comparto un ejemplo:
Llegaba la calaca a Colombia
presumiendo sus pasos de salsa y cumbia,
no puede faltar tequila y mezcal
para esta noche de rumba en el juncal.
El catrín unos buenos tacos buscó,
Recorrió calles y nada pudo encontrar.
Probó los maduros y mucho le gustó,
Tanto que no pudo parar.
Para la sed del largo camino,
la catrina sus polas se trajo
Para compartir con el campesino
Y armar el parche en Pasto Carajo
La flaca aprovechó para conocer Bogotá,
No pudo andar por severo trancon.
La gente por todos lados se alborota
Pa' rumberar y tomarse la caneca de ron
Llegó la hora de marcharse al Mictlán
La huesuda enamorada de Colombia se va,
Los paisas su tintico le invitan
Y con gusto al otro año regresará.

