Hoy comienza septiembre y con ello queda inaugurado el mes que nos enorgullece tanto en México. Los balcones se visten con banderas que resaltan los colores de la esperanza, la unidad y la sangre derramada por los héroes que nos dieron patria. Los puestos de adornos, banderas, matracas y trompetas se toman todas las esquinas, bien vale la pena comprar así sea un prendedor para resaltar el orgullo de ser mexicano.
Como cultura general, se le acuñó el nombre de «mes patrio» debido a la gran cantidad de hechos históricos acontecidos durante el noveno mes del año; destaca, evidentemente, la noche del grito de independencia el 15 de septiembre, por supuesto el 16 que marca el inicio de la lucha de independencia; el 27 sería la culminación de los once años de lucha armada; el 13 pero del año 1847 emanó una historia motivo de discusión a lo largo de décadas: los niños héroes del Castillo de Chapultepec defendiendo el honor ante la invasión de los Estados Unidos; el 30 de septiembre conmemoramos el natalicio de José María Morelos y Pavón que es uno de los principales caudillos en la lucha de independencia. Ya en la historia reciente, el primero de septiembre el presidente de la República debe entregar su informe de gobierno.
La diáspora mexicana seguramente anhela, tanto como yo, las noches de fiesta durante este mes. En otros países no se tiene la misma efusividad durante las fiestas nacionales; en la tierra azteca hasta tenemos un platillo con los colores de la bandera: los chiles en Nogada.

¡Pero qué va! Somos mexicanos y la pasión la llevamos en la sangre. Me dispongo entonces a preparar el grito desde casa, el menú será pozole, también plato emblemático de mi país. En Colombia es fácil prepararlo una vez conociendo los ingredientes, lo que más cuesta trabajo es encontrar un buen grano de maíz, por fortuna hemos hallado la variedad conocida como Mote, que es lo más parecido al pozolero; por estás latitudes se usa para preparar champús, que es una bebida… pero esa es otra historia.
Mi esposa ya ha aprendido el proceso, mientras se va formando el caldo con los huesos del cerdo y el chile, ella se apodera de la tabla y cuchillo para picar, con la destreza como si estuviera preparando un sancocho, finamente la cebolla, lechuga, limoncito y rábanos. – Tan linda. La música de fondo con mariachis y huapango me transporta a casa, el olor de la cocción inunda de felices recuerdos la casa y va forjando una nueva tradición. Servimos y ya solo falta el toque mágico que le da el orégano recién molido con sus blancas palmas de la mano.
En otras partes del país cafetero hay comunidades de mexicanos que se reúnen, la principal celebración se lleva a cabo en Bogotá dónde la embajada ha dispuesto un salón para hacer la ceremonia correspondiente.
Se aproxima la hora cumbre, el presidente sale al balcón y ejecuta el célebre grito de independencia. Ya mi cara está pintada como si estuvieramos en el mismo zócalo, por supuesto Don Julio no puede faltar y vamos lanzando los «¡Viva! a la par de la transmisión; uno por Hidalgo, otro por Morelos, por la corregidora. Cada ¡viva! más fuerte que el anterior… ¡Viva México! 🇲🇽 – decimos al fin, en un grito que inunda nuestros corazones.

Dicen por ahí, muy sabiamente: Un dia salí de México, pero México jamás salió de mi.

