Recientemente me preguntaron -¿está amañado? – cuestionamiento eterno de amigos y conocidos, casi desde que llegué a tierras cafeteras. Inicialmente no entendía muy bien la palabra, porque más que tener maña o costumbre, significa que una persona está muy contenta en un lugar.
Tal vez la parte más difícil para un mexicano que vive en el extranjero es la comida; la falta de tortillas para acompañar cada alimento es, sin duda, una penitencia. Los primeros meses sentía la ligereza de mi mano, que ya no tenía una tortilla enrolladita con salsa para alternar bocado con la comida. Traté de suplir la carencia con un pan, otras veces con arepa, incluso intenté sustituirlas con las tajadas de plátano frito que se sirven acá y que me encantan, pero todo fue en vano. Bueno, las tajadas de plátano frito llegaron para quedarse, ahora las extraño si faltan en el plato y siempre pido ñapa que es el pilón.
Por supuesto que no estoy acostumbrado, porque eso significaría haber caído en las redes de una triste monotonía, esa no es la finalidad de la vida. Además, ¿cómo acostumbrarse a la falta de tortillas, al ají que no pica y a un mundo sin vitamina T (tortas, tacos y tamales)?
La vida de un mexicano en el extranjero debe reinventarse, para sobrevivir hay que conectarse con aquello que te transporta a casa; unos lo hacen a través de la música, otros con la cultura y muchos otros con la comida. Hay que atreverse a probar nuevas rutinas, a llamar a las cosas diferente y aventurarse a lo desconocido. Habrá desilusiones y tragos amargos, pero todo eso te hará mas fuerte y valorarás la dicha de ser mexicano.

Amañarse a Colombia es fácil cuando te despierta un rayo coqueto de sol que atraviesa la ventana coreado por el cantar de diversas clases de aves, acompañado con el olor del café recién hecho y el rocío mañanero que alimenta la tierra y todo lo que ella nos brinda. Confieso haberle agarrado cariño a las tardes venteadas y las noches de rumba. El calor tropical y de la gente se siente de inmediato, la conexión cultural entre México y Colombia es tan amplia que coincidimos en el gusto por diversas actividades como bailes, música y deportes, por mencionar algunos. Por eso puede ser fácil identificarse y sentirse en casa.
Vivir en Colombia tiene sus pros y contras; como todo en esta vida, el secreto es agarrarle el gusto y disfrutar el recorrido. Cada día hay algo nuevo que aprender y pues bueno, hoy a cinco años de está aventura, confieso que me amañé.
