El policía acostado

Hace unos días hice un recorrido de trabajo por las carreteras del Valle del Cauca, cualquier colombiano le podrá decir que son las mejores vías del país, pero esto no las libra de tener ¡policías acostados!

Iba pues con mi compañero de viaje contándole la similitud con los paisajes de mi tierra veracruzana, disfrutando la cálida brisa y la vista rodeada de cañaduzales en un recorrido bastante tranquilo y ameno. De un momento a otro me gritó: – ¡Un policía acostado!

Pasaron décimas de segundo antes que mi pie cambiara el acelerador por el freno, enseguida las llantas rechinaron como en una película. Cuando por fin el auto se detuvo, yo aún seguía buscando al policía, ¿dónde está el policía?- pregunté. Mi compañero, todavía exhaltado por el enfrenón y con las manos en el tablero me dice: ahí enfrente, gesticulando con los labios, como buen Colombiano.

Y yo aún nada que lo veía, ¿será que lo aplasté? – pensaba mientras los nervios me consumían.

– Allá está, como a 30 metros – me dijo me amigo.

Y a 30 metros sólo estaba esto:

¡¿Un tope?! ¿Y el policía acostado? Resulta pues que en Colombia de esta peculiar manera se les dice a los reductores de velocidad. No quiero pensar que hubiera hecho estando en Puerto Rico, porque allá les dicen Muertos, imagínate: ¡Cuidado con el muerto!