¿Pagar o Cancelar?

6 de octubre 2015

Es mi responsabilidad poner al lector en contexto. Tanto en México como en Colombia hablamos español, sin embargo los regionalismos pueden ocasionar muchos problemas de comunicación, este es el primer tropezón de cualquier viajero, no se diga los problemas entre novios -créanme-. El primer día no dimensionaba la magnitud del problema, de hecho pasaron varias semanas antes de darme cuenta.

Hoy fuimos al barrio más antiguo de la ciudad: San Antonio. Es recomendable subir en taxi la primera vez porque, además de no conocer, subir a pie desde la avenida principal es bastante cansado con el sol cenital y los 37°C de temperatura ambiente. En lo alto de la loma se encuentra la capilla con el mismo nombre del barrio, posamos para la foto que ofrece una primer vista de la ciudad. Entre pose y pose, caminando y viendo artesanías nos dio la hora sagrada: la hora de comer.

Vista de Cali desde San Antonio

No te contaré los detalles del mánjar de ese día para no antojarte de momento, te puedo decir que no pudimos terminarnos la comida de tanto que nos sirvieron. Llegó la hora de pedir la cuenta, le hablé amablemente a la mesera para pedir que nos empacara lo que sobró y la cuenta, ella muy amablemente me dijo – ¿Va a cancelar?.

No entendí qué quería decir. – No voy a cancelar, voy a pagar y me pone para llevar lo que sobró, por favor – Le dije.

– Sí, por eso. Va a cancelar.

Entramos en un búcle. De pronto recordé una anécdota de hace unos años en México. Mi novia fue por una de las ricas gorditas que venden afuera del metro y al terminar de comer le dijo a la dueña del puesto – Le cancelo. Ya podrán imaginar la reacción de la señora – ¡¿Cómo que me cancela si ya le entregué la gordita y hasta se comió todo?!… ¡págueme!. Mi novia un tanto avergonzada explicó que ella lo que quería era pagar, pedir la cuenta. La señora de las gorditas se mantuvo dubitativa aún después de recibir un Benito Juárez, de los de 20.

Finalmente, con una sonrisa irónica le dije a la mesera – Sí, le pago.